Novela: capítulo 1, fragmento 2

¡Ya ha pasado una semanita! Y, por tanto, toca nuevo fragmento del capítulo 1.

Leer el anterior fragmento

Nada más haber pisado el aeropuerto internacional de Madrid-Barajas tras haberse pasado las últimas doce horas en un vuelo directo desde Buenos Aires, Mateo pudo respirar tranquilo. Allí, junto a la puerta de embarque de la terminal, distinguió la figura desgarbada de Alejo; supuso que habría recurrido a toda su sarta de trucos y contactos para recibirle en dicha área y no en la de llegadas, pero, la verdad, lo único que realmente le importaba era que por fin habían vuelto a reunirse tras dos semanas, pues el manager había preferido marcharse antes con tal de allanarle el camino.

—Che, ¿me extrañaste? —dijo de buen humor mientras se acercaba a él arrastrando una pequeña maleta de ruedas.

—Digamos que no tuve demasiado tiempo para hacerlo —replicó el manager. Tras fundirse en un breve abrazo, Alejo procedió a romper el hielo antes de poner en práctica la intrincada agenda que le tenía confeccionada para esa jornada que no había hecho sino comenzar—: ¿Qué tal el vuelo?

—Oh, muy bueno. Incluso pude dormir un poco.

—Estupendo que reunieras energías, porque las necesitarás.

La frase, sumada a que su representante apretó considerablemente el paso, le indicó que se ponían en marcha.

—Por aquí —señaló Alejo; al llegar a otra zona de la terminal, dos guardas de seguridad privada se acercaron para escoltarlos.

—¿Se congregó la prensa? —quiso saber el delantero.

—Sí, en el exterior. —Alejo tomó aire, preparándose para salir del complejo y tratar de avanzar entre una marabunta de periodistas—. No hagás declaraciones comprometedoras, ahora te detallo el planning.

Mateo se mantuvo cerca de él, dejándose custodiar por aquellos dos tipos y combatiendo el acoso de los flashes, los micrófonos y móviles por medio de una gran sonrisa con la que trató de disimular el cansancio arrastrado por el largo desplazamiento y los efectos del jet-lag.

—¡Vico! —lo llamó un reportero—. ¿Vas a cerrar hoy tu fichaje por el Juventud?

—¿Es cierto que firmas por cinco temporadas? —se apresuró a decir otro.

—Gracias por venir, pero no puedo decir nada —se disculpó él mientras se abrían paso hasta el vehículo oficial que, ya con el motor en marcha, los esperaba.

—En cuanto haya algo en firme, se emitirá un comunicado —intervino Alejo, quien tras lograr abrir una de las puertas traseras le alentó a que se introdujera primero.

Los guardas se ocuparon de que ambos pudieran resguardarse en el interior del coche y esperaron hasta que el chófer se hubo puesto en camino, dejando a los periodistas atrás.

—¿Y bien? —se cuestionó Mateo.

—Nos dirigimos a la office del club —concretó Alejo—. Tenés que pasar primero el reconocimiento médico, y si no hay anomalías, vamos a la firma.

—¿En las condiciones pactadas?

—Sí.

El delantero asintió con un movimiento de cabeza. Eso era todo lo que contractualmente le interesaba saber, así que se dispuso a entrar en otros pormenores:

—¿Llegó mi equipaje?

—Antes de ayer. Ya está en el departamento que arrendé para vos. Un ático en zona tranquila, no demasiado lejos de la ciudad deportiva del equipo, tal y como me pediste.

—¿El auto? —prosiguió Mateo.

—Tenés el mismo modelo que en Buenos Aires, pero tardarán varios días en expedirte la validación de la licencia, así que hasta entonces no podés manejar.

—¿Y el celular?

Alejo se metió la mano en el bolsillo de la americana de lino que llevaba puesta, el único atuendo formal que soportaba con aquel calor sofocante de mediados del agosto madrileño, y extrajo un moderno y delgado smartphone, el cual le tendió.

—Tomá. Tiene servicio con una operadora española, conexión a Internet y le hice un duplicado de los contactos, están todos en la agenda.

—Qué bueno… —exclamó él, asombrado—. Si llego a dejar que vinieras antes, te ponés a jugar fútbol en mi lugar.

—Me temo que a tanto no llegan mis cualidades… Mirá, si accedés al maps, podés ver que guardé las señas del departamento, por lo que pueda suceder —le indicó, tocando la pantalla táctil con el índice.

Se pasaron lo que restaba de trayecto curioseando las posibilidades tecnológicas del aparato mientras el conductor, un veterano y discreto trabajador del Juventud, les echaba de vez en cuando miradas por el retrovisor, ocultando que era uno de los muchos aficionados del equipo que estaban eufóricos por la inminente llegada de la nueva estrella.

—Caballeros, ya hemos llegado —les indicó cuando se hubieron detenido.

—Oh, muchas gracias. Buen día —le deseó Alejo.

—Gracias, un placer —acompañó el delantero.

Mateo arrastró la pequeña maleta y, mientras seguía a Alejo, observó las estructuras de la sede del que en breve sería oficialmente su nuevo equipo. Las instalaciones sanitarias, localizadas en un edificio anexo al estadio, eran amplias y luminosas, y el aire acondicionado les hizo sentir a ambos una inmediata sensación de alivio.

—Buenos días —los saludó el director del equipo médico, quien venía armado con una larga bata blanca y una carpeta con el historial del jugador, remitido el día antes por el Federal. Tras estrecharle la mano a Alejo, con quien ya había tenido trato, hizo lo mismo con el implicado—. ¿Preparado para las pruebas? No será nada fuera de lo común.

—Oh, sí, claro —respondió Mateo—. Cuanto antes acabemos, antes podré saltar a la cancha.

—Ese es el espíritu. Ven, acompáñame —le pidió, señalando la entrada a una sala.

Alejo tomó asiento en un sofá y se dedicó a hacer algunas llamadas y atar cabos sueltos mientras el delantero, tras haberse cambiado de ropa, dejaba que le adhirieran una serie de electrodos al torso.

Por espacio de cerca de una hora le sometieron a varios reconocimientos y mediciones, desde el consumo de oxígeno en situaciones de alto estrés físico hasta la actividad cardiovascular en reposo. Se encontraba justamente tumbado en una camilla, mientras un aparato recopilaba datos sobre sus pulsaciones, cuando la puerta se abrió y un hombre entrado en años y vestido con un impoluto traje le miró a través de sus gafas de montura al aire, en un tono que no disimulaba su satisfacción por tenerle ahí.

—¿Qué tal ha ido? —se interesó.

—Sin contratiempos, señor presidente —afirmó el médico—. Está fuerte como un roble.

—Estupendo. Lo de la firma es un simple trámite, así que bienvenido oficialmente al Real Atlético Juventud, muchacho —lo felicitó el directivo, para quien conseguir que el argentino pasara a formar parte de la plantilla había sido una de las mayores cruzadas personales a las que se había encomiado en sus veinte años como máxima autoridad del club.

—Muchas gracias —replicó Mateo.

Alejo, que contemplaba la escena desde el marco de la puerta, sintió que le invadía la nostalgia. Daba igual que su representado fuera uno de los jugadores más importantes del mundo, que su palmarés fuese envidiable y que las cifras de su cuenta corriente resultaran mareantes; al mirarle, tuvo la sensación de que los ojos de Mateo reflejaban la misma ilusión, e incluso el sano nerviosismo, que la mañana en que le acompañó a las oficinas del Federal para firmar su primer contrato como profesional. Diez años los separaban de aquel día, pero la emoción por iniciar una nueva etapa, con sus retos, dificultades y aspiraciones, era idéntica a la que expresó siendo tan sólo un adolescente.

Una vez el futbolista estuvo preparado, se dirigieron junto con el presidente al despacho de este, en donde, acompañados de los asesores de la entidad, fueron leyendo las numerosas páginas del contrato. Alejo apenas intervino para aclarar ciertos matices; tras mucha charla distendida, algún que otro comentario e incluso un par de risas, las respectivas firmas fueron estampadas y el contrato se selló con un último apretón de manos.

—Bien, pediré al responsable del gabinete que convoque a los medios para la rueda de prensa —indicó el presidente.

—Estupendo —dijo Alejo—. ¿Ya se incorpora a la actividad?

—Sí. Mañana comienzas a entrenar con el equipo —apuntó el director deportivo dirigiéndose a Mateo—. Empezaron hace poco la pretemporada, así que podrás adaptarte al ritmo sin problemas.

El jugador, que estaba de pie ante el ventanal del despacho, asintió para después volver a dejar la vista sobre el césped del estadio. Desde esa distancia podía contemplar las diminutas figuras de sus ya compañeros en pleno entrenamiento, y unas ganas locas de unirse a ellos le invadieron. Se dijo que debía ser paciente, ahora que tan cerca estaba por fin de debutar en su siempre soñado fútbol europeo.

6 comentarios

  1. xoa says:

    si, si, si! Vico ya está aquí! XD

    Gracias nisa! Se acerca el gran momento, qué nervios!!!! :P

  2. Custom avatar Nore says:

    muchas gracias! tengo ganas de poner “mas literatura” a las imágenes del comic, qué ilu!!!! ^_^ Me encanta!!!!

    Ciao Ciao.

  3. Custom avatar Gaby says:

    Ayyy siiii como han dicho más arriba, se acerca el gran momento!!!

    Me gusta mucho como va progresando la historia!!! Muchas gracias!

  4. liziprincs says:

    waaaa busque y busque y encontre esto nuevo ^^ que ilucion estoy tan entusiasta¡¡¡ *w* no me manejo muy bien en blogs pero no importa¡¡¡ superare cualquier cosa con tal de saber mas de esta parejita y de la historia ¡¡¡ son tan lindos¡¡¡¡ *///*

  5. Custom avatar lucyrobsessed says:

    ya casi..ya casi..el primer face to face..que ganas!!!!!!!!!!!! gracias por la actu!!

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